
Noviembre del año 2023, Bruselas. Las 18h. Llueve, llueve mucho. Salimos de trabajar, recogemos a la peque del cole y nos vamos a comprar en el coche. No se ve mucho, es de noche y las luces de las farolas, una luz tenue, naranja, no es suficiente y hay que poner mil ojos en la conducción. Carlota al volante y yo le digo: “Mecedora!” Frenazo, aparcamos en un garaje y Carlota baja corriendo. Esta rota. “No importa” dice Carlota. Asientos abajo y al maletero.
Este es nuestro comienzo, el comienzo de nuestra historia. En la calle General Domenceau, Carlota vio el potencial de una mecedora abandonada y puso su ilusión en recuperarla. Tras meses de encontrar herramientas para repararla, formándonos para hacer un buen trabajo y darle un lugar en nuestra casita, logramos devolverle la vida. Después vino la mudanza a España, pintarla, barnizarla… et voila! ¡Aquí la tenemos!